Estas begonias en un macetero en forma de bicicleta se han conservado esplendidas a pesar de que ha pasado toda su floración.
Dan una sensación de frondosidad y salud envidables, en la mañana fría lucen espléndidas.
Están combinadas en el rincón de la kentya y entre helechos de varias clases y aspidistras.
Su mantenimiento es mínimo, reduciendose a unas dosis normales de riego (ni encharcadas, ni sedientas), su reproducción tan fácil que roza lo absurdo.
Al fondo se puede apreciar otro tipo de begonia muy resistente y duradera, las flores no son muy llamativas pero su estado siempre frondoso y su tacto aterciopelado merece la pena, como las anteriores su reproducción es muy sencilla.
En la siguiente foto se puede apreciar la fabulosa kentia que llegó a mi casa siendo niña y se ha convertido en una esplendida adulta que amenaza continuamente con romper el toldo.
No es objeto de ningún cuidado especial, solo se la abona de tanto en tanto y en verano disfruta de un gotero sencillo, cuando pasan los calores todo el riego automatico es desconectado y depende exclusivamente de que yo me acuerde de regarla.
Las aspidistras como siempre siguen frondosas, verdes, discretas pero exuberantes, a la vuelta de vacaciones las sometí a una limpieza profunda retirando todas las hojas de años anteriores perjudicadas y rellenando las macetas con tierra rica y humosa, de vez en cuando son regadas con la solución de acido citrico y quelatos de hierro que uso para todas las acidófilas, cuando les dedico un rato y las limpio hoja por hoja con una balleta mojada y a continuación les paso un trapo con cerveza lo agradecen enormemente, pero eso solo sucede un par de veces al año, debido a su monstruoso tamaño.





